[NUEVO DIA] SOLITOS Y FELICES (SOLIT@S Y FELICES)

Solitos y felices

Las experiencias de cuatro mujeres que decidieron no procrear.

 Por Elba Betancourt Díaz / Especial El Nuevo Día

Si bien para muchas mujeres la maternidad es una de las mejores experiencias de sus vidas, otras no se plantean tener hijos pues sus prioridades en la vida son distintas. Antes de los 18 años, Liana Carrasquillo Vázquez pensaba que debía casarse y tener hijos. Con el tiempo, los conocimientos adquiridos a través de su educación universitaria y el análisis, entendió que eso no llenaría sus expectativas de vida, sino que podría hasta limitar sus planes futuros.

Hoy, a sus 24 años, asegura que no todas las mujeres tienen que ser madres pues la maternidad es una elección, no una imposición. No considera que la maternidad reprima o limite a la mujer, pero para ella esa experiencia no es una prioridad. Aunque respeta a quienes desean ser madres, los demás no necesariamente respetan su punto de vista por lo que ha llegado a sentirse incomprendida e incluso ofendida.

A su pareja le explicó sus razones para no tener hijos y él, quien ya es padre, las comprendió. Liana expresa que no cambiaría su forma de pensar porque un hombre no esté de acuerdo. Actualmente, está enfocada en su trabajo como gerente de cuenta en una compañía de telecomunicaciones, completar una maestría en administración pública y su colaboración en el colectivo femenino Masfaldas.

Otras prioridades

Por su parte, Michelle Vázquez Medina, de 22 años, cuestiona desde su adolescencia por qué la mujer tiene que pasar por el proceso de la menstruación, embarazo y parto. La estudiante universitaria piensa que ella puede decidir si quiere pasar por todas las implicaciones sicológicas y física que tiene un embarazo. Considera que el cuerpo de la mujer no es sólo para reproducirse y reivindica el control que debe tener la mujer sobre éste.

Michelle piensa que la maternidad puede ser una experiencia bonita, si se desea, no porque lo imponga la sociedad, la familia o la pareja. Para ella ser madre no es una prioridad y, si decide algún día serlo, prefiere la adopción.

Miedo a parir

Cornelia del Mar (seudónimo), de 48 años, asegura que cuando terminó la escuela superior ya sabía que no quería parir después de haber visto cuánto dolor experimentaban las mujeres durante el parto. Además, se inclinaba por entrar a un monasterio para ser monja y estudiar. Más tarde, algunos libros sobre la maternidad impactaron su vida y abonaron en su decisión.

Durante cuatro años siguió una vida religiosa centrada en el servicio a Dios y en sus estudios. Una vez abandonó el monasterio siguió pensado que no deseaba ser madre, incluso cuando se unió a su pareja. Actualmente, acepta que no se arrepiente de su decisión y que se siente satisfecha como ser humano y contenta. Su tiempo lo ha dedicado a los estudios, la investigación y a la participación en diferentes iniciativas.

Reconoce que ha pensado en algunos temores como qué pasará cuando sea vieja, pero cuando reflexiona se da cuenta de que sus amigas que son madres tienen la misma inseguridad. Su futuro lo visualiza de otras formas y va creándolo según desarrolla la capacidad de vivir sola. Sobre que la maternidad es la única forma de realización de la mujer, dice que existen mujeres que son madres pero no lo deseaban, así que ahí no hay realización.

Sin arrepentimiento

Desde que estaba en octavo grado, Noemí García Cáceres decía que no quería ser madre. Cuando conoció a su esposo le aclaró su determinación y él aceptó. A los 35 años se sometió a una operación para no concebir.

A sus 60 años afirma que no le han hecho falta los niños. “Son hermosos y sé que son bendición del Señor, pero conllevan una responsabilidad para la cual no estuve preparada. Entiendo que si no puedes hacerlo bien, mejor no lo haces. Tampoco creía en aborto, así que no tomaba el riesgo a quedar embarazada porque no lo abortaría”.

Entre sus razones para no tener hijo menciona que no deseaba verse atada a un hombre por los hijos. “Quería estar con un hombre porque lo quisiera, pero no tenerlo que aguantar por los hijos. Siempre pensaba que si me casaba y el marido salía malo, lo dejaba con la casa y los niños”. Además, acepta que no deseaba tener la responsabilidad ni preocupaciones que tiene una madre.

“Los hijos no te hacen la mujer que eres. Una se realiza cumpliendo las metas que se propone”, puntualiza. No se arrepiente de su decisión, se siente satisfecha de la vida que quiso tener y contenta con la relación que tuvo con su esposo. Incluso dice que se sentía más mujer porque tenía más tiempo para él.

“Ser madre es una decisión seria. Hay que planificarlo. La pareja debe estar de acuerdo con trabajar juntos para criar al niño. No se puede tener un hijo por complacer al marido”, concluye.

 

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